El mantenimiento de un vehículo es una de esas tareas cotidianas que parecen sencillas pero que esconden una gran complejidad. No en vano, se trata de una máquina con un sinfín de funciones operativas y otras tantas posibles averías, lo que obliga a tener en cuenta muchas variables si queremos prolongar su vida. En este sentido, hemos recopilado algunos de los hábitos más aconsejables y también algunas de las costumbres que deberías evitar.

Lo que deberías hacer

Controlar el consumo de combustible

El patrón más utilizado para medir el consumo de combustible es el tiempo que tardamos en regresar a la gasolinera. Esto, sin embargo, obvia posibles condicionantes como el precio del combustible en cada momento. Por ello, tomar nota de los repostajes (cuantía, precio del combustible…) puede sernos de utilidad para detectar posibles averías.

Preparar el coche antes de una “hibernación”

Si no se va a utilizar el vehículo durante una larga temporada, conviene tomar una serie de precauciones para evitar posibles daños. Retirar las baterías, llenar el tanque de gasolina (para prevenir que se produzca el fenómeno de condensación si hay poco combustible) o cubrir el tubo de escape con un trapo, son algunas pautas básicas.

Lo que no deberías hacer

No salgas con prisas

¿Quién no ha apurado demasiado el momento de levantarse y ha subido al coche con muy poco margen de tiempo para llegar al trabajo? Esto suele traducirse en que, de buenas a primeras, disparamos las revoluciones de un motor que sigue frío. Las averías motivadas por esta costumbre son, además, algunas de las más costosas.

Repostar tras un camión cisterna

Cuando vemos un camión cisterna depositando combustible en una gasolinera, solemos seguir conduciendo porque presuponemos que vamos a tener que esperar mucho. En realidad, si repostáramos justo después de que se rellenen los depósitos subterráneos, podríamos dañar el coche porque la gasolina recién vertida puede haber sufrido turbulencias que se traduzcan en sedimentos. Por ejemplo, podríamos obstruir los inyectores de combustible.

Acelerar tras quedar embarrados

No importa cuántas veces no haya sucedido. Si nos quedamos atascados en el barro, volveremos a pisar a fondo el acelerador en un vano intento por salir del lodo. Esto supone una gran exigencia para el coche, que puede sufrir daños en las transmisiones o en el embrague. La misma lógica se aplica cuando quedamos atrapados en la nieve.

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