Pocas sensaciones resultan tan agradables como la de sentarse por vez primera al volante de un coche recién adquirido. De igual manera, más de una vez nos sorprendemos a nosotros mismos contemplando ensimismados la silueta de un automóvil nuevo. Claro que, si esta preocupación inicial no va acompañada por la asunción de ciertos hábitos de mantenimiento, el deterioro del vehículo no tardará en llegar.

Las comprobaciones rutinarias

Comprobar los diferentes parámetros del coche puede ser una tarea tediosa pero es imprescindible para evitar que los pequeños problemas acaben derivando en graves averías. Algunas de las comprobaciones básicas incluirían los niveles de aceite y la presión de los neumáticos. En los coches de última generación este trámite es mucho más sencillo porque suelen disponer de sistemas de detección automática que comunican al usuario la necesidad de realizar alguna revisión.

Sistema de escape

Es uno de los mejores termómetros para descubrir que algo no funciona debidamente en el coche. En ocasiones, son sonidos poco habituales los que nos ponen sobre aviso de que hay que efectuar alguna reparación. Otras veces, resulta necesario comprobar si el humo es más oscuro o denso, especialmente en los lances más exigentes para el vehículo (cuestas hacia arriba, por ejemplo). Y si es necesario efectuar reparaciones, los expertos recomiendan reemplazar todo el sistema de escape de una vez.

Limpieza

Mantener el coche limpio no es simplemente una cuestión estética. Por supuesto, cualquier vehículo lucirá mejor si su dueño procura lavarlo con cierta regularidad. Pero incluso orillando por completo la apariencia exterior del coche, limpiarlo es imprescindible para prevenir su deterioro. El guardabarros, las juntas de las puertas, el tren de rodaje o el radiador son las secciones más sensibles y convendría limpiarlas, al menos, una vez a la semana.

Sustitución periódica de las correas de transmisión

La ruptura de una correa de transmisión se cuenta entre las averías más costosas que puede sufrir un automóvil. En previsión de tan engorroso contratiempo, es recomendable reemplazar las correas de transmisión cada tres años, aproximadamente. Este hábito siempre será más económico que la reparación tras una ruptura en plena marcha. Otro tanto puede decirse de la correa de distribución, cuyo tiempo de uso no debería exceder los 120.000 km.

Anticípate a las averías mecánicas más dolorosas con estos y otros consejos de mantenimiento que encontrarás en el blog.