El Reino de Tailandia es uno de los países enigmáticos para los viajeros occidentales. Al fin y al cabo, en pocos destinos se experimenta un contraste semejante respecto a nuestra manera de entender las relaciones sociales, la organización política y la vida en general. Tanto si te planteas visitar el país asiático como si todavía no conoces sus posibilidades, te planteamos cuatro experiencias imprescindibles en Tailandia.

Gran Palacio de Bangkok

Es mucho lo que puede verse y hacerse en Bangkok pero la visita más recomendada es el Gran Palacio, un complejo arquitectónico indisolublemente ligado a la historia del país. Y es que, junto con su reluciente revestimiento dorado, la característica más llamativa del recinto es su impresionante tamaño (casi 220.000 m2). En su interior podemos encontrar una auténtica ciudad volcada con la administración del país, con multitud de despachos y salones. Por supuesto, la sala del trono es la estancia más célebre, si bien los templos budistas también fascinan a cuantos se adentran en el Gran Palacio.

Chiang Mai, la “Rosa del Norte”

En el norte del país destaca la gran ciudad de Chiang Mai, que también ofrece constantes experiencias de índole cultural. No obstante, lo que nos trae hasta aquí en esta ocasión no es su patrimonio sino sus ambientes. Cuando cae la noche, las calles del centro de Chiang Mai se convierten en un auténtico hervidero de transeúntes, al tiempo que proliferan los puestos de comida y otros artículos en las aceras (o donde deberían estarlo). El dominical Sunday Night Market es otro espacio con una fuerte animación social que merece la pena descubrir mientras se negocia (regatea) con los vendedores.

El Templo Blanco de Chiang Rai

La cultura budista está muy presente en Tailandia y el inconfundible Templo Blanco es uno de los recintos religiosos más visitados del país. Sus rocambolescas figuras y las irregulares superficies por las que transitan los visitantes simbolizan, según su promotor, las dificultades que encuentra el hombre en el camino hacia la sabiduría. Para probarse a uno mismo, hay que desplazarse hasta Chiang Rai, también en el norte de Tailandia.

La Isla Koh Lanta

Como última recomendación, no podíamos sino hacer alguna referencia a las archiconocidas playas tailandesas. Las de la Koh Lanta, una pequeña isla, destacan por su tranquilidad, su aspecto totalmente salvaje en algunos puntos y el rápido acceso a espacios urbanos como Lanta. En suma, la experiencia playera más completa y reconfortante.